Cambiar la escuela parece ya una quimera. Después de más de setenta años de gobiernos priístas, en que sexenio tras sexenio se anunciaba una reforma que depositaba en la educación la tarea de revolucionar las conciencias y formar al nuevo hombre, es poco lo que se vislumbra de ese cambio anunciado siempre. Ahora, con ya diez años de panismo en el gobierno, no nos deja de asombrar la falta de coherencia de la realidad con los hechos en materia de política educativa. Es un discurso donde se justifica el derroche de la burocracia y sus programas fallidos; así se antoja que el cambio no llegará.
Se dice que estamos en la época de las competencias en el terreno educativo, desde que los panistas arribaron al poder. Sin embargo, no es cierta esa creencia, puesto que desde 1982 con Miguel de la Madrid se sentaban las bases de un modelo educativo en esa tónica de competencias y competitividad. Zedillo entró duro también y cimento con su Sistema de Normalización de Competencias Laborales y el Sistema de Certificación de Competencia Laboral, las bases de lo que es actualmente el modelo que padecemos. En realidad, en estos últimos sexenios ha existido un co-gobierno entre panistas y priístas.
Pero si los ciudadanos somos los que padecemos los estragos de esas pruebas y experimentos que se realizan con la ciudadanía al probar políticas que ya han fracasado en otras latitudes, lo más conveniente es que se continúe con esas formas de organización que están emergiendo desde las bases, expresadas en agrupación de ciudadanos en torno a intereses muy concretos. Para el caso de los profesores, las Redes son una espléndida oportunidad de impulsar cambios duraderos en la estructura escolar y sobre todo en las prácticas educativas.
¿Cómo puede una Red de maestros incidir en los cambios que la sociedad y la estructura escolar necesitan? Empezando desde las relaciones al interior de la misma escuela, que son las más complejas. En principio, dichas relaciones son jerárquicas, se basan en una estructura piramidal, dónde la autoridad administrativa impone criterios de toda índole. Desde el momento mismo en que la decisión se toma sin consensos deviene en una alteración de las relaciones de convivencia. Por ello, las acciones en las que se sustenten las decisiones que atañen al presente y futuro de la institución deben ser discutidas previamente y consensadas, amén de ser justificada su necesidad e importancia. La primera tarea de la Red es propiciar un diálogo permanente al interior de la escuela: desde maternal a superior.
¿Democratización sin democracia? Este primer paso de la democratización de la escuela debe incluir el relevo en los cargos jerárquicos. Sabemos que los cargos directivos y de toda índole se han asignado históricamente de manera antidemocrática, sin reglas o ignorando las existentes. La permanencia en el cargo por tiempo indefinido, propicia que quien ocupa el cargo, sólo este considerando al momento de actuar la manera de permanecer en él. Es muy común entre el pensamiento conservador y reaccionario afirmar: “Lo importante no es llegar, sino mantenerse en el cargo”. Ejemplo de ello son los líderes del SNTE y el SMSEM, que al arribar a su cargo en la Sección o secretaría respectiva, operan para ocupar nuevas tareas en próximos periodos de “gestión sindical”. Observamos esto en las diferentes áreas educativas. Directores, supervisores, jefes de sector, jefes de departamento y la burocracia en general.
La Redes, de acuerdo con Arias y Porlan, deben plantear actividades encaminadas a innovar y transformar nuestras escuelas; deben de buscar alternativas para superar la crisis educativa que padecemos. Cabe recordar, sin embargo, que no sólo es una crisis educativa, sino económica, cultural, moral y de toda índole, por lo que las Redes tienen como otra tarea saber a ciencia cierta en qué consiste esa crisis y empezar a dibujar sus alcances y límites.
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