INTRODUCCIÓN
Desde hace más de 50 años la
Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) señalaba que la
instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los
estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos
respectivos. Sin embargo, la realidad
actual nos muestra cuán lejos estamos de ello, en particular nuestro
país. Por ello emprendo esta reflexión sobre la educación superior ahora que
estamos pensando reformar a la UPN en el Estado de México.
No creo estar seguro de que “el programa de “aseguramiento de la calidad” que
se verá forzado a emprender la Pedagógica, tendrá que ser mediado por un proyecto
que redefina sus esquemas tradicionales a través de una lógica de competencia,
depuración y reapropiación de las posiciones más importantes del mercado
económico; proyecto que oscilará entre el nuevo modelo de universidad, un
centro de excelencia o la institución que reproduce la ambigüedad tradicional
frente al magisterio y al Estado”(Miranda, 2001:205). No se tratará de elegir
en el mercado las opciones, ni de redefinir algo que nunca construimos de
manera consciente como docentes de la Universidad, sino que lo recibimos
elaborado y trabajamos, sobre todo considerando nuestras propias condiciones.
Quizá un poco jugando que seguíamos un modelo de universidad que, por igual,
nunca comprendimos. En ese sentido, esta oportunidad de plantear un modelo de UPN
desde los propios sujetos locales, permitirá ahora sí construir, sobre bases
que, ciertamente, ya se han construido.
La Universidad Pedagógica
Nacional en el Estado de México requiere de una profunda revisión de sus
acciones académicas y procesos educativos. Ello implica un análisis cuidadoso
de su estructura interna en todos sus aspectos; también redefinir su concepción,
que permita una discusión, aprobación y desarrollo de un modelo diferente de
universidad pedagógica en la entidad. Hay que admitir que la diversidad del
país que tenemos permite afirmar que el Estado de México tiene características
distintas al Distrito federal y otras entidades, mismas que deben de
considerarse al momento de concebir otros planes y programas de estudio. Debe
empezar por reconocerse que la tarea a emprender hace necesaria la
participación de la comunidad universitaria en su conjunto, que con sus
opiniones y propuestas permita dibujar un escenario deseable, que puntualice
las características de un modelo de
institución desde el cual trabajar los próximos años.
El escenario de un país que en lo
político tiene enormes dilemas y conflictos entre los actores principales y la
propia ciudadanía, permiten prever que en la tarea de impulsar esta propuesta
hacia un nuevo modelo habrá de permitir su expresión y posterior negociación en
la toma de acuerdos entre todos los profesores, estudiantes y miembros de la
comunidad upeneana. En lo político el 2006 no ha cerrado la herida de la
ilegitimidad que se le atribuye al poder ejecutivo en la disputa de la
izquierda y la derecha por el poder presidencial; en la política universitaria
se toma con cautela la existencia misma de la universidad pública, de gran
cobertura y de calidad, al sufrir ésta grandes embates de administraciones
federales y locales, como es el caso de Jalisco y Guanajuato en que las
administraciones locales, -en particular en los dos periodos sexenales recientes-
mangonean recursos con afanes de negociación política con tintes ajenos a la
tarea educativa.
En el Estado de México a su vez
la formación de educadores no es considerada por las autoridades educativas
como una opción de “superación personal y progreso” para los jóvenes. De
acuerdo con un informe sobre la oferta de educación superior en la entidad, las
universidades públicas y privadas como la UNAM, la UAEM, el IPN, la Universidad
Mexiquense del Bicentenario, la universidades tecnológicas, los 14
tecnológicos de estudios superiores,
universidad politécnica e intercultural son las únicas que permiten una
formación integral de jóvenes, así como una rápida incorporación al mercado
laboral (Monroy, 2010). Por lo que respecta a la UPN, centros de maestros y
normales nos son mencionadas como opciones y han tenido dificultades
innegables, en particular desde que se decreto la descentralización de la
educación básica en 1992.
PROCESOS EDUCATIVOS
En tiempos de los rankings
las instituciones de educación superior están sufriendo cambios en sus
estructuras internas. Aunque tales cambios resultan meros ajustes a las
exigencias de esquemas como los de financiamiento es innegable que se tiene que
cambiar e innovar. Por ahora los modelos en boga exigen tareas cada vez más
complejas a las instituciones y los resultados de las evaluaciones demandan una
mirada permanente a los procesos educativos que se dan en cada ámbito. Los
bajos resultados hablan de una calidad en ciernes, que requiere construirse y
consolidarse. La calidad llegó a constituirse en una demanda central del
sistema universitario en su conjunto y se apuntó al fortalecimiento del proceso
educativo en general. Pero sin una definición clara de indicadores todo parecía
perderse en el vacío, por lo que momentáneamente se busca trabajar en el marco
de algunos definidos a la zaga de las políticas universitaria nacionales. La planeación,
ejecución y evaluación parecen ser en este momento de la UPN, ejercicios aún
carentes de significado estructural y vacío institucional. La entrega de planes, seguimiento de
acciones, entrega de informes parece un ejercicio rutinario, que muy poco
aporta a la consolidación de la acción universitaria y en particular al logro
de resultados en la calidad de la formación universitaria.
La tarea de proponer un enfoque
peculiar y explícito para la UPN en el
Estado de México requiere de la definición del propio proceso educativo. Por proceso educativo se entiende en el diccionario de las ciencias
de la educación como la “sucesión de acciones tomadas intencionalmente con el
objetivo de lograr la educación de un individuo; generalmente nos referimos a
su educación integral, esto es, formación de hábitos, adquisición de
conocimientos y cultura general para la adecuada inserción del individuo en la
sociedad a la que pertenece” (p. 1612). En el caso de la UPN, el planteamiento
educativo con el que se trabaja ha sido retomado de la combinación de los
señalamientos de planes y programas de estudio diseñados por los propios
académicos, en particular los de la sede
ubicada en Ajusco, y los que aportan los docentes en sus grupos y
espacios institucionales a partir de su propia formación. En todos los casos se
establecen debates y comunicaciones esporádicas entre los miembros de la
comunidad ubicada en una unidad, sede o subsede, pero muchos de ellos carecen
de sistematización como para ser considerados lo suficientemente elaborados y
coherentes con la política educativa que se propone desde el Estado. Ello
quiere decir que la redefinición de procesos educativos debe darse en diversos
niveles y deben mantenerse en permanente discusión sus definiciones y alcances.
De acuerdo con la fuente
anterior “el proceso educativo es, ante
todo, un proceso social, por lo que las formas de comunicación que en su
desarrollo se logren son básicas para éste; se define la educación como comunicación
racional, y como tal es un proceso de tipo interactivo comunicativo, en el que
toda autoridad debe ser analizada y razonada” (p. 1612). Lo anterior, hace
necesario definir un proceso a partir de un modelo universitario con claros
principios pedagógicos en la tarea de enseñar; contenidos disciplinarios y
características de la relación pedagógica en el ámbito de la institución y aún
en el ámbito social; ya que la universidad no es un ente aislado. Ello implicará la definición de los límites
de la comunicación a establecer
FUENTES CONSULTADAS
Asociación Nacional de Universidades e
Instituciones de Educación Superior, (2000) La educación superior en el siglo XXI, Líneas estrategias de
desarrollo, una propuesta de la ANUIES. ANUIES, México.
Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla (2007), Modelo
Universitario Minerva. Disponible
en: http://www.minerva.buap.mx/
Diccionario de las Ciencias de la Educación
(2003). Proceso de aprendizaje. Gil editores, Colombia.
Didriksson, Axel (2005). La universidad
de la innovación. Una estrategia de transformación
para la construcción de universidades del futuro. México, CESU, Plaza y Valdés,
UNAM.
Miranda
López, Francisco (2001). Las universidades como organizaciones del
conocimiento. El caso de la Universidad Pedagógica Nacional, México, El
Colegio de México/Universidad Pedagógica Nacional.
Monroy
Monroy Edith. Gobierno del Estado de México responde a las demandas educativas actuales,
con opciones para los jóvenes. En: Educación 2001 Revista de la educación
moderna para una sociedad democrática. Abril 2010: 40-43
Laboratorio
de Análisis Institucional del Sistema Universitario Mexicano. http://laisumuam.org/
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