martes, 1 de noviembre de 2011

Escribir, en fin


La prisa llega, llega el día,
se va la noche, se va el tiempo.
¿Quién responde las preguntas?
¿Cuánto vale la luz de la esperanza?
Llegan los bombardeos de la Franja de Gaza.
Las tórridas lluvias de Paquistán.
Los gritos de los inmigrantes atrapados,
En la frontera del “mundo libre”
Sorteando balas de criminales, de no sé qué bando,
Sumergidos en sueños de violencia y poder.
Llegan a una frontera que es destino.
¿Quién detiene las bombas de la locura?
¿Quién dirige las balas de la justicia?
¿Porqué no pensar en lo inútil de escribir
cuando las bombas no tienen la razón?
¿Porqué amar a alguien si todo vale la pena?
Escribir, en fin.
La paz no llega, se va la risa,
se va todo como el viento se ha llevado
al tiempo, como el tiempo se ha llevado la gloria
de saber que no existe más luz que el
resplandor de una cultura que tampoco llega.
La ilusión del país que nunca existió.
Ni Independencia ni Revolución.
México apenas llega a la geografía
de la razón y la alegría del trabajo.
No es ni el territorio mutilado ni el que queda.
No tiene prospectiva de mil décadas luz.
¿Habrá para entonces hombres capaces
mujeres afables, niños fabulosos y cantos
de esperanza?
Sólo pido respeto, para todos, es decir, los que viven.
Las plantas no o agradecen con sonrisas, sí con colores.
Los animales no lo agradecen con saludos, sí con miradas.
Escribir, en fin.

PROCESOS EDUCATIVOS EN LAS UNIDADES DE LA UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA DEL ESTADO DE MÉXICO


INTRODUCCIÓN
Desde hace más de 50 años la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) señalaba que la instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos. Sin embargo, la realidad  actual nos muestra cuán lejos estamos de ello, en particular nuestro país. Por ello emprendo esta reflexión sobre la educación superior ahora que estamos pensando reformar a la UPN en el Estado de México.
No creo estar seguro de que “el  programa de “aseguramiento de la calidad” que se verá forzado a emprender la Pedagógica, tendrá que ser mediado por un proyecto que redefina sus esquemas tradicionales a través de una lógica de competencia, depuración y reapropiación de las posiciones más importantes del mercado económico; proyecto que oscilará entre el nuevo modelo de universidad, un centro de excelencia o la institución que reproduce la ambigüedad tradicional frente al magisterio y al Estado”(Miranda, 2001:205). No se tratará de elegir en el mercado las opciones, ni de redefinir algo que nunca construimos de manera consciente como docentes de la Universidad, sino que lo recibimos elaborado y trabajamos, sobre todo considerando nuestras propias condiciones. Quizá un poco jugando que seguíamos un modelo de universidad que, por igual, nunca comprendimos. En ese sentido, esta oportunidad de plantear un modelo de UPN desde los propios sujetos locales, permitirá ahora sí construir, sobre bases que, ciertamente, ya se han construido.
La Universidad Pedagógica Nacional en el Estado de México requiere de una profunda revisión de sus acciones académicas y procesos educativos. Ello implica un análisis cuidadoso de su estructura interna en todos sus aspectos; también redefinir su concepción, que permita una discusión, aprobación y desarrollo de un modelo diferente de universidad pedagógica en la entidad. Hay que admitir que la diversidad del país que tenemos permite afirmar que el Estado de México tiene características distintas al Distrito federal y otras entidades, mismas que deben de considerarse al momento de concebir otros planes y programas de estudio. Debe empezar por reconocerse que la tarea a emprender hace necesaria la participación de la comunidad universitaria en su conjunto, que con sus opiniones y propuestas permita dibujar un escenario deseable, que puntualice las características de un  modelo de institución desde el cual trabajar los próximos años.
El escenario de un país que en lo político tiene enormes dilemas y conflictos entre los actores principales y la propia ciudadanía, permiten prever que en la tarea de impulsar esta propuesta hacia un nuevo modelo habrá de permitir su expresión y posterior negociación en la toma de acuerdos entre todos los profesores, estudiantes y miembros de la comunidad upeneana. En lo político el 2006 no ha cerrado la herida de la ilegitimidad que se le atribuye al poder ejecutivo en la disputa de la izquierda y la derecha por el poder presidencial; en la política universitaria se toma con cautela la existencia misma de la universidad pública, de gran cobertura y de calidad, al sufrir ésta grandes embates de administraciones federales y locales, como es el caso de Jalisco y Guanajuato en que las administraciones locales, -en particular en los dos periodos sexenales recientes- mangonean recursos con afanes de negociación política con tintes ajenos a la tarea educativa.
En el Estado de México a su vez la formación de educadores no es considerada por las autoridades educativas como una opción de “superación personal y progreso” para los jóvenes. De acuerdo con un informe sobre la oferta de educación superior en la entidad, las universidades públicas y privadas como la UNAM, la UAEM, el IPN, la Universidad Mexiquense del Bicentenario, la universidades tecnológicas, los 14 tecnológicos  de estudios superiores, universidad politécnica e intercultural son las únicas que permiten una formación integral de jóvenes, así como una rápida incorporación al mercado laboral (Monroy, 2010). Por lo que respecta a la UPN, centros de maestros y normales nos son mencionadas como opciones y han tenido dificultades innegables, en particular desde que se decreto la descentralización de la educación básica en 1992.
PROCESOS EDUCATIVOS
En tiempos de los rankings las instituciones de educación superior están sufriendo cambios en sus estructuras internas. Aunque tales cambios resultan meros ajustes a las exigencias de esquemas como los de financiamiento es innegable que se tiene que cambiar e innovar. Por ahora los modelos en boga exigen tareas cada vez más complejas a las instituciones y los resultados de las evaluaciones demandan una mirada permanente a los procesos educativos que se dan en cada ámbito. Los bajos resultados hablan de una calidad en ciernes, que requiere construirse y consolidarse. La calidad llegó a constituirse en una demanda central del sistema universitario en su conjunto y se apuntó al fortalecimiento del proceso educativo en general. Pero sin una definición clara de indicadores todo parecía perderse en el vacío, por lo que momentáneamente se busca trabajar en el marco de algunos definidos a la zaga de las políticas universitaria nacionales. La planeación, ejecución y evaluación parecen ser en este momento de la UPN, ejercicios aún carentes de significado estructural y vacío institucional.  La entrega de planes, seguimiento de acciones, entrega de informes parece un ejercicio rutinario, que muy poco aporta a la consolidación de la acción universitaria y en particular al logro de resultados en la calidad de la formación universitaria.
La tarea de proponer un enfoque peculiar y explícito  para la UPN en el Estado de México requiere de la definición del propio proceso educativo. Por proceso educativo  se entiende en el diccionario de las ciencias de la educación como la “sucesión de acciones tomadas intencionalmente con el objetivo de lograr la educación de un individuo; generalmente nos referimos a su educación integral, esto es, formación de hábitos, adquisición de conocimientos y cultura general para la adecuada inserción del individuo en la sociedad a la que pertenece” (p. 1612). En el caso de la UPN, el planteamiento educativo con el que se trabaja ha sido retomado de la combinación de los señalamientos de planes y programas de estudio diseñados por los propios académicos, en particular los de la sede  ubicada en Ajusco, y los que aportan los docentes en sus grupos y espacios institucionales a partir de su propia formación. En todos los casos se establecen debates y comunicaciones esporádicas entre los miembros de la comunidad ubicada en una unidad, sede o subsede, pero muchos de ellos carecen de sistematización como para ser considerados lo suficientemente elaborados y coherentes con la política educativa que se propone desde el Estado. Ello quiere decir que la redefinición de procesos educativos debe darse en diversos niveles y deben mantenerse en permanente discusión sus definiciones y alcances.
De acuerdo con la fuente anterior  “el proceso educativo es, ante todo, un proceso social, por lo que las formas de comunicación que en su desarrollo se logren son básicas para éste; se define la educación como comunicación racional, y como tal es un proceso de tipo interactivo comunicativo, en el que toda autoridad debe ser analizada y razonada” (p. 1612). Lo anterior, hace necesario definir un proceso a partir de un modelo universitario con claros principios pedagógicos en la tarea de enseñar; contenidos disciplinarios y características de la relación pedagógica en el ámbito de la institución y aún en el ámbito social; ya que la universidad no es un ente aislado.  Ello implicará la definición de los límites de la comunicación a establecer    
FUENTES CONSULTADAS
Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, (2000) La educación superior en el siglo XXI, Líneas estrategias de desarrollo, una propuesta de la ANUIES.  ANUIES, México.
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (2007), Modelo Universitario Minerva.  Disponible en: http://www.minerva.buap.mx/
Diccionario de las Ciencias de la Educación (2003). Proceso de aprendizaje.  Gil editores, Colombia.
Didriksson, Axel (2005). La universidad de la innovación.  Una estrategia de transformación para la construcción de universidades del futuro. México, CESU, Plaza y Valdés, UNAM.
Miranda López, Francisco (2001). Las universidades como organizaciones del conocimiento. El caso de la Universidad Pedagógica Nacional, México, El Colegio de México/Universidad Pedagógica Nacional.
Monroy Monroy Edith. Gobierno del Estado de México  responde a las demandas educativas actuales, con opciones para los jóvenes. En: Educación 2001 Revista de la educación moderna para una sociedad democrática. Abril 2010: 40-43
Laboratorio de Análisis Institucional del Sistema Universitario Mexicano.  http://laisumuam.org/

Redes de maestros


Cambiar la escuela parece ya una quimera. Después de más de setenta años de gobiernos priístas, en que sexenio tras sexenio se anunciaba una reforma que depositaba en la educación la tarea de revolucionar las conciencias y formar al nuevo hombre, es poco lo que se vislumbra de ese cambio anunciado siempre.  Ahora, con ya diez años de panismo en el gobierno, no nos deja de asombrar la falta de coherencia de la realidad con los hechos en materia de política educativa. Es un discurso donde se justifica el derroche de la burocracia y sus programas fallidos;  así se antoja que el cambio no llegará.
Se dice que estamos en la época de las competencias en el terreno educativo, desde que los panistas arribaron al poder. Sin embargo, no es cierta esa creencia, puesto que desde 1982 con Miguel de la Madrid se sentaban las bases de un modelo educativo en esa tónica de competencias y competitividad. Zedillo entró duro también y cimento con su Sistema de Normalización de Competencias Laborales y el Sistema de Certificación de Competencia Laboral, las bases de lo que es actualmente el modelo que padecemos. En realidad, en estos últimos sexenios ha existido un co-gobierno entre panistas y priístas.
 Pero si los ciudadanos somos los que padecemos los estragos de esas pruebas y experimentos que se realizan con la ciudadanía al probar políticas que ya han fracasado en otras latitudes, lo más conveniente es que se continúe con esas formas de organización que están emergiendo desde las bases, expresadas en agrupación de ciudadanos en torno a intereses muy concretos. Para el caso de los profesores, las Redes son una espléndida oportunidad de impulsar cambios duraderos en la estructura escolar y sobre todo en las prácticas educativas.
 ¿Cómo puede una Red de maestros incidir en los cambios que la sociedad y la estructura escolar necesitan? Empezando desde las relaciones al interior de la misma escuela, que son las más complejas. En principio, dichas relaciones son jerárquicas, se basan en una estructura piramidal, dónde la autoridad administrativa impone criterios de toda índole. Desde el momento mismo en que la decisión se toma sin consensos deviene en una alteración de las relaciones de convivencia. Por ello, las acciones en las que se sustenten las decisiones que atañen al presente y futuro de la institución deben ser discutidas previamente y consensadas, amén de ser justificada su necesidad e importancia. La primera tarea de la Red es propiciar un diálogo permanente al interior de la escuela: desde maternal a superior.
¿Democratización sin democracia? Este primer paso de la democratización de la escuela debe incluir el relevo en los cargos jerárquicos. Sabemos que los cargos directivos y de toda índole se han asignado históricamente de manera antidemocrática, sin reglas o ignorando las existentes. La permanencia en el cargo por tiempo indefinido, propicia que quien ocupa el cargo, sólo este considerando al momento de actuar la manera de permanecer en él.  Es muy común entre el pensamiento conservador y reaccionario afirmar: “Lo  importante no es llegar, sino mantenerse en el cargo”. Ejemplo de ello son los líderes del SNTE y el SMSEM, que al arribar a su cargo en la Sección o secretaría respectiva, operan para ocupar nuevas tareas en próximos periodos de “gestión sindical”. Observamos esto en las diferentes áreas educativas. Directores, supervisores, jefes de sector, jefes de departamento y la burocracia en general.
La Redes, de acuerdo con Arias y Porlan, deben plantear actividades encaminadas a innovar y transformar nuestras escuelas; deben de buscar alternativas para superar la crisis educativa que padecemos. Cabe recordar, sin embargo, que no sólo es una crisis educativa, sino económica, cultural, moral y de toda índole, por lo que las Redes tienen como otra tarea saber a ciencia cierta en qué consiste esa crisis y empezar a dibujar sus alcances y límites.

SOBRE LA ESCRITURA


¿Existe el grado cero de la escritura? Le pregunto a Roland  Barthes. No me da la respuesta, nunca entendí su libro que leí empujado por mis obsesiones sobre la lengua, cuando apenas empezaba a escribir un ensayo: La lectoescritura en el primer grado. ¿Aprendizaje mecanicista o aprendizaje espontáneo? De eso ya hace veinte años, cuando me titulaba como licenciado en educación por la Universidad Pedagógica Nacional.  En su libro, Barthes se preguntó qué es la escritura, pero tampoco aprendí nada de eso, por lo que aquí sólo apunto estas notas y digo algo sobre ella.
Si nos planteamos escribir es porque necesitamos hacerlo. Concibo a la escritura como el máximo espacio de la expresión de la intimidad humana. Expresa como el fotógrafo sus imágenes: grandes colecciones que muestran un mundo asombroso, brillante, tétrico, especial, incomparable y lejano. Escenas de un presente que queremos conservar; de un pasado que llegó hasta nuestros días gracias a la inteligencia y sensibilidad con que se captaron las caras, los paisajes naturales y urbanos, los acontecimientos. Por este presente y ese pasado que es difícil conservar, conviene echar la pluma a vuelo y escribir las historias que se necesita leer, que simplemente se imagina que son necesarias.
La escritura no hace más que manifestar el pensamiento, no entrega más que voces que desean ser escuchadas; y, expresiones que ni siquiera se imaginaron lo que escribirían, quizá para leerme cada tarde de martes y viernes  que sale a la venta El Monitor. Porque es seguro que el más interesado en leer lo que se publica es el propio autor del texto. El lector ocasional con el tiempo se da cuenta de quién escribe, pero no es tan importante sino lo atrapa en sus intereses,  necesidades formativas, informativas, emociones, sensaciones…
Leemos lo escrito porque queremos aprender o simplemente queremos estar atentos de que no se diga nada que pueda denigrar el imaginario social al que aspiramos cada uno. Ahí está la utilidad de la escritura: En la aspiración de un mejor mundo, en el ideal. Pero también es el placer el que nos llama a escribir. ¿Qué quiero decir? ¿Qué importa lo que digo, si lo que importa es lo que siento al momento de escribir? ¿Qué sabor, qué olor tiene el texto? A veces ganas de saber qué diré. Otras veces, franca duda de que habré de escribir algo significativo, sin embargo escribo, escribiré.
La escritura a veces navega contracorriente, pero siempre es el cauce de un río a un océano lleno de palabras. Es la puerta a una ciudad de calles de palabras distintas y de significados inimaginables. La brisa de una playa de arenas blancas, de aguas cristalinas y veleros deambulantes.  Explorador de una selva que sólo esconde placeres y tesoros de piratas perdidos en sus ambiciones. Qué bosque no está lleno de árboles, que también busca la escritura, contemplación de la intensidad de los colores: el verde sobre todo, el negro siempre lleno de noches, el blanco inconfundible cada amanecer. La intensidad de los ruidos, de su vida, donde la nada es apenas una imagen imperceptible.
Pero la escritura es la creación de todo eso que apenas sería si los grandes escritores no nos hubieran regalado con sus libros esos mundos permanentemente ocultos hasta que levantamos la solapa, los abrimos y nos entregan su gozo inmenso con la lectura placida en las tardes de veranos con briznas y vientos cálidos.
Por eso escribir hace descansar el alma, porque la engrandece con la emoción de saber que se busca el más grande relato y se entrega apenas un sencillo texto. Pero la sencillez sería apenas la salvación ante este escenario atroz que derrama mentiras a cada instante y que finca repúblicas de oropel en cada discurso. Por eso buscaré con la escritura, la sencillez de un mundo posible, la simpleza de la dignidad humana y la complejidad de vivir los instantes como un presente interminable.

Docencia que no se ve no se transforma

No nací marcado para ser un profesor así. Me fui haciendo de esta manera en el cuerpo de las tramas, en la reflexión sobre la acción, en la observación atenta de otras prácticas o de la práctica de otros sujetos, en la lectura persistente y crítica de textos teóricos, no importa si estaba o no de acuerdo con ellos.  Es imposible practicar el estar siendo de ese modo sin una apertura a los diferentes y a las diferencias, con quienes y con los cuales siempre es probable que aprendamos.
Paulo Freire