domingo, 9 de noviembre de 2014

jueves, 27 de febrero de 2014


Reflexiones emergentes en tiempo de innovación

El debate actual de la reforma y premisas sociales del modelo educativo. Reflexión emergente en tiempos de innovación

A propósito del tema que convoca el II Foro Regional de Educación. Repensar lo educativo. Tensiones y emergencias, cabe una acotación sobre el término actual.  Wikipedia apunta sobre el momento presente o el “ahora”, aludiendo a los acontecimientos que están teniendo lugar en el momento de hablar. Hay también interpretaciones que nos acercan al instante, al momento presente, ese que se desgrana cada minuto y, sin embargo, no termina de irse, mientras el objeto de nuestra preocupación es pensado y debatido colectivamente. La reflexión actual es la que interpreta los sucesos recientes. “Los sucesos, las mutaciones y las innovaciones que apelan nuevas maneras de pensar la sociedad” (Maffesoli, 2010: 9). Pues, “…todo individuo está a la búsqueda del secreto que asegure la permanencia de la existencia individual y social” (Maffesoli, 2010: 84); es la preocupación de los políticos, de los intelectuales, y desde luego de nosotros, los profesores; por eso, hay debate en cada reforma.
Conviene advertir para el momento con una sentencia tajante de Bauman: “los personajes que participan en el juego de la vida vienen y se van, y están destinados a desaparecer y a ser reemplazados muchas veces a medida que el juego avanza” (2011, p. 95). Lo que se ve en estos escenarios, es la disputa de los actores sociales por imponerse y alcanzar a participar dentro del programa del Estado, tendiente a redefinir el rumbo del país. Ante el vacío de políticas, o la saturación y el hartazgo de ellas,  los personajes sociales quieren aparecer o no ser reemplazados en el juego que implican las reformas. Es obvio en el recambio interno que se da en el aparato del gobierno con la recuperación priísta del poder central dentro del Estado desde antes del 2012.
Aunque los empresarios de la academia en México se mueven sin banderas partidistas, los propios actores sociales,  reclutan despachos y consultorías, intelectuales de prestigio o camarillas cultas,  atendiendo las exigencias que marcan las modas y tendencias internacionales dictadas por los respectivos organismos, y desde luego, la inocultable necesidad de cuidar su propia clientela electoral.
Hay debates antes de la reforma y después de la reforma. Todos ellos actuales. Antes de la reforma el debate de las élites que circundan a las decisiones del poder dentro del gobierno federal  concluyó una etapa con la captura de Elba Esther Gordillo Morales. Meses antes a tal incidente en el aeropuerto internacional de Toluca, el activismo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se ejercía para dejar intacto el acuerdo cupular en torno a la Alianza por la Calidad Educativa, que representó el gran logro de Elba Esther y su séquito de intelectuales en torno a la revista de educación y cultura, AZ,  encabezado por Emilio Zebadúa.
La Alianza  por la Calidad Educativa se fue transformando en un membrete de programas oficiales, listas de profesores promotores del voto, cuadernos de alumnos y libros de texto que asaltaron la inteligencia y coronaron con sorpresa el creacionismo; festejaron la alternancia simulada y propusieron la comodidad del no debate en salones llenos de flores, dejando la calle a aquellos que “no entienden”, que no quieren aceptar que “México ya cambió”.
Sin duda, el magisterio quedó pasmado con los puntos que señaló la alianza como las estrategias para cambiar el sistema educativo, de tal forma que mejorara en su funcionamiento. Pero el pasmo se quedó en la falta de alternativas. Lo que propuso la alianza debía hacerse sin regañadientes por cualquier gobierno estatal-local preocupado por su sistema educacional y más por la pepena de recursos federales a sus presupuestos. Entonces entró a escena la sospecha sobre las intenciones transformadoras de la propuesta del gobierno panista.  Con el impulso a tal alianza ahora sabemos, que ha movilizado al magisterio en el asunto de las competencias al convocarnos a cursar diplomados en tiempos laborables;  algunos hemos creído en los planteamientos de la reforma; propuso un signo que se exploró en los congresos, posgrados y encuentros que se implementan haciéndonos entender que: Los maestros hemos estado alejados entre sí últimamente, y nos ha recordado lo  necesario que es volvernos a reunir.
Con la implementación e imposición de la ACE, se asestó un golpe más a las grandes mayorías empobrecidas, a los ciudadanos libres y a los trabajadores sindicalizados al querernos obligar a renunciar a ejercer las libertades y mecanismos de protección de la materia de trabajo y de una lucha por mejores condiciones de vida.
Viene entonces la reforma a los artículos 3o. y 73 constitucionales, como la confirmación del destierro de todo precepto y principio que recuerde la Revolución Mexicana y la tradición de la escuela pública. A decir de Sañudo, la agenda educativa parece ser el gran tema de 2013 debido a que el gobierno federal decidió impulsar la reforma educativa como uno de los primeros compromisos derivados del Pacto por México (2014: 2).
Los especialistas en materia de reforma encuentran en ella elementos dirigidos a acotar el margen de acción del profesor y a mediatizar sus logros. Hernández destaca tres elementos:

uno es la evaluación, fundamentalmente la correspondiente al desempeño de los maestros; otro es el servicio profesional docente en lugar de la carrera magisterial; y en tercer lugar el conjunto de normas que buscarían regular la actividad laboral del magisterio de educación básica, incluidas las funciones de supervisión y dirección.  

Todos implican procesos en los que el docente debe de entregar cuentas y resultados por una actividad que no tiene contemplados mecanismos e insumos que garanticen el éxito de la acción.
Ésta es una propuesta que replantea principios de la reforma salinista de veinte años antes, que en 1993 proponía igualmente el reconocimiento del maestros y abría las puertas a la privatización de los servicios educativos, con la ensalzada participación social. En conjunto con otra serie de reformas económicas como los acuerdos comerciales y la privatización de empresas del estado, claves en el desarrollo nacional. Sin duda,  implementando procesos “que permiten hacer progresar las causas del neocapitalismo y de su orden laboral global, de formas que ejercen un espectacular impacto sobre las vidas humanas en todas partes, a menudo con consecuencias nocivas…(Gee, Hull y Lankshear, 2002:11). Así, como resultado de los acuerdos comerciales, se impulsa un nuevo orden laboral que “está tratando de crear nuevas identidades sociales o nuevas clases de personas” “nuevos líderes, trabajadores/socios. Resalta la importancia de disponer de trabajadores plenamente informados, que participen activamente en la cultura de calidad de la organización y que tengan (y acepten) plena responsabilidad sobre todas las ramificaciones organizativas de los trabajos que realicen”. Pero la paradoja es que “los trabajadores en los que se acaba de delegar el poder  y que han adquirido una reciente  capacidad de «pensamiento crítico» no pueden cuestionar, en realidad, los objetivos, visiones y valores” (Gee, Hull y Lankshear, 2002: 24) en que se sustenta el nuevo orden dominante.
Esa es la idea central en el proceso de participación social dentro de los espacios escolares. Las escuelas donde los actores participan y son responsables de la organización y de la marcha de los procesos: autoridades escolares, profesores, padres de familia, incluso alumnos; en realidad terminan siendo responsabilizados de los pobres resultados que arroja la pobreza que se administra en las escuelas devastadas por el paso del tiempo y el olvido gubernamental, por la escases de recursos y la impronta de la cultura verificacionista de los contenidos escolares vacíos y alejados de las necesidades de la vida social. 
Como actor en el marco actual de reforma educativa, el SNTE, con una dirigencia acordada desde Los Pinos, la misma noche del arrestó de Gordillo Morales, se apuró a saludar  “la firma del Pacto por México signado… por el gobierno federal y tres de los principales partidos políticos, así como de la presentación …por el C. Presidente de la República, de la iniciativa de decreto que reforma y adiciona los artículos 3º y 73 de la Constitución” (SNTE, 2013), porque prácticamente todo lo propuesto ahí ya había sido exigido por el gremio del magisterio federalizado, se apuran a decirnos.

En el caso de otro actor social importante, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, destaca la persistencia de su lucha y su llamado a la desobediencia civil ante la imposición del modelo.  Los maestros democráticos se oponen a la privatización de la enseñanza, y defienden la educación pública y sus conquistas laborales (Hernández, 2013: 23). En esta coyuntura como en muchas otras, atrajo para sí la consigna que repudiaba la contrareforma constitucional impulsada por el peñismo mediante el Pacto por México. Esta lucha tuvo un cenit importante con el arribo de miles de maestros al centro del país y su instalación en el zócalo capitalino de la ciudad de México. Con el plantón y la constante movilización corporal de los profesores de la Coordinadora, también se alteró la posibilidad de negociación y se implantó perentoriamente en  el dogma del “todo o nada”. Los visos de la crítica fueron desechados y se trasladó la razón a los umbrales del resentimiento, encajonados en las consignas en contra del sistema, la OCDE, del SNTE y del peñismo.  Algo loable fueron los  amparos interpuestos masivamente para evitar la imposición de un modelo educativo sustentado en la falacia de que todo es por conseguir la calidad educativa.
Sobre  la reforma la  CNTE ha denunciado “no hay nada en ella que esclarezca hacia donde se quiere caminar en el terreno pedagógico, no hay una sola idea que aclare cómo terminar con la desigualdad y el rezago educativo en el que se encuentran 37 millones de personas” (CNTE, 2013: 6).  En la propuesta de la CNTE, no sólo cabe desmontar la dinámica perversa de una educación pública pretendida, que  mediatizara a un niño formado en competencias mucho antes de que tenga visos de lo que represente el mercado de trabajo,  para servir a la empresa y al sistema neoliberal. Si no, también  impartir educación que haga crecer a los pupilos, que desarrolle sus capacidades y maduración; que desarrolle o perfeccione las capacidades intelectuales y morales del educando por medio de preceptos, ejercicios y ejemplos (Hernández, 2013: 12). Una propuesta, en la que cabe la sorpresa de enseñar a soñar, cosa que no permitiría la actual reforma, que no tiene manera de medir los sueños desde su enfoque verificacionista.
Sabido es que el actual sistema se sustenta en el consumo de objetos. Es un sistema fundado en la idea de innovación.  Bauman nos advierte que “en el mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza”. Hoy se anuncia en televisión e internet una cantidad innumerable de productos innovadores. Una  propuesta aséptica de consumo con el móvil del atraco per se; y aún más el robo financiero legalizado y esclavizante, considerando que ahora no hay objetos de uso permanente, pues, “la alegría de «deshacerse» de las cosas, de descartarlas, de arrojarlas al cubo de la basura, es la verdadera pasión de nuestro mundo” (Bauman, 2005: 29)  Hay en este mercadeo con agentes permanentes visitando tu casa, y asaltándote desde la televisión de paga, todo  un sistema que tiene sustento en el intercambio de todo como la forma de vida útil en sí misma.
Un nuevo modelo,  pero con viejos problemas, es el dilema de la reforma. Muchos son en realidad sus dilemas: “Si se busca el establecimiento de una formación integral, ¿por qué entonces un modelo por competencias en la educación básica?. ¿Por qué ante una formación para una sociedad del conocimiento y de la información plantea contenidos básicos?
 Lo básico indispensable es una postura minimalista. Recrea la sombra del reduccionismo y el fantasma del adoctrinamiento. Saber sólo los mínimos de conocimientos, habilidades y valores para poder conducirse en la vida. Algo así como una cartilla como la esencia de la moral pública. Nada más limitante para el sujeto de una sociedad de la información y el conocimiento; una sociedad intercultural, plural,  abierta a las innovaciones y manifestaciones inéditas, de un sujeto inconforme incluso con sus propias visiones.
Por el lado de la ciudadanía,  lejos de estar preocupados por la baja calidad educativa, en el corazón de un gran sector social, se extraña la educación con la participación comunitaria;  al profesor o profesora comprometidos, que laboraron sin tener doble plaza o bono productivo, doble jornada, por el simple agradecimiento a una comunidad o colonia que los estimaba y  aceptaba en su seno.
El profesor con alumnos felices estudiando en grupo, gestor e impulsor del deporte en la colonia, que integró equipos de fútbol y organizó festivales en que la comunidad tenía la oportunidad de verse y convivir, sin que ello se convirtiera en congregación de vecinos con un partido político. La maestra impulsora de clubes de ajedrez, danza, bailes tradicionales en día de las madres y la llegada de la primavera, de grandes ofrendas en día de muertos y posadas decembrinas fuera de los horarios oficiales.
La profesora que animaba la competencia académica por filas, que trajo los talleres de costura, de deshilado, de repostería, y aprovechaba la ocasión para promover su venta de productos por catálogo, porque su quincena era sagrada y necesitaba algo “extra” para cubrir sus necesidades personales. Todo sin Carrera magisterial.
Pero, “cuando la confianza no tiene terreno firme para echar raíces, el coraje necesario para correr riesgos, asumir responsabilidades y contraer compromisos a largo plazo, se desvanece” (Bauman, 2011: 95). Nace entonces el Servicio Profesional Docente porque es un lugar común señalar que el programa de carrera magisterial quedó envuelto en escándalos de tráfico de claves para allegados a las cúpulas sindicales y administrativas del sistema educativo, y que los reconocimientos y premios se han otorgado de manera discrecional como pago a favores políticos, o incorporación de escépticos a los grupos del poder local.  Incluso los diplomas y becas a estudiantes en las escuelas de todos los niveles han circulado al ritmo que se mueven las relaciones e influencias de los padres y profesores en sus respectivos ámbitos y redes sociales.

Finalmente,  un gobierno que propone cárcel a los profesores por protestar para salvaguardar sus derechos laborales y conquistas históricas, pisa el umbral del  totalitarismo, la emergencia del presidencialismo despótico, junto con el desprecio al dialogo y a la libertad de expresión.  Son los resultados del Pacto por México, que raya en la más absurda imposición a un pueblo que caracterizado por su nobleza terminó siendo despreciado. Pareciera que no queda más que asumir con Bauman que: “es un mundo duro, en el que los derrotados sufren la derrota porque se la han buscado, y donde los fracasados no pueden culparse más que a sí mismos, privados del derecho a reclamar compensación, o aunque fuere compasión, por su infortunio”.