Tejupilco en movimiento, 1990, una institución que
nace en 1991, la Universidad Pedagógica Nacional, Subsede Tejupilco
En 1990 la
población del sur estaba en plena efervescencia política. Por primera vez, un
movimiento que había arrasado electoralmente al PRI en 1988, se presentaba
ahora bajo las siglas de un partido emergente, el PRD, a competir por la
alcaldía de Tejupilco.
En el 1988, los resultados señalaron un
triunfo contundente del Frente Democrático Nacional en el sur, particularmente
en este municipio.
Ya en ese
1990 dicho partido se organizaba en la marcha, el Ingeniero agrónomo Guillermo
González Hernández resultó ser el candidato que despertó simpatía en amplios
sectores de la población sureña. Lo acompañaba el médico neumólogo, Miguel León
López, un perfecto desconocido para la población de Tejupilco, pero quien ante
la falta de aspirantes por una línea de
izquierda aprovechó la coyuntura y
amarró la candidatura en una asamblea manipulada a su favor, por el ya líder
indiscutible de ese movimiento electoral, Memo González o El Satán, como lo
apodaban sus amigos y como se le conocía en el rumbo. De carácter fuerte y
explosivo, Memo era un eficaz animador e influyó ante la asamblea deliberante
para que mediante voto directo y público, se eligiera a Miguel León como
candidato a Diputado Local por el IX distrito.
En esos
años, diversos mitos se levantaban sobre esta población. Los más comunes hablan
de la franqueza de su gente, otros de la belleza de sus mujeres; los había de
la valentía de sus hombres; incluso los más irresponsables como los de un
médico legista, que años después resultaba involucrado en una banda de
secuestradores y vendedores de autopartes robadas, señalaba: “aquí la gente es
muy violenta, se matan por cualquier motivo”.
Lo cierto
era el predominio de caciques políticos y económicos, un partido emergente que vencía
electoralmente al partido dominante. Sin embargo, haciendo los ciudadanos una batallar por el
porvenir, recibieron la represión violenta del Estado quien conculcando el
derecho al voto y a su defensa legitima, envío un ejército de granaderos a
cuidar un palacio municipal vacío y
pobre.
Hubo un
fallo electoral y se declaraba perdedor al partido que contaba con el mayor
respaldo popular. La protesta se daba en su máximo expresión y la gente salió a
la calle a defender lo que legítimamente se había ganado. Llegaba a Tejupilco
un personaje a reclamar también por el fraude, frente a un palacio municipal sin
actividad, Heberto Castillo Martínez.
Un año
después, el 12 de diciembre de 1991, ya se habían levantado instituciones educativas de nivel medio
superior y superior en esta región sur
del estado de México, pero también se conmemoraba el acontecimiento político
electoral que marcó profundamente al municipio: El enfrentamiento violento
entre partidarios de un reclamo electoral, armados con ladrillos, palos, cañas, pistolas y machetes; y granaderos con más de 80 bombas
lacrimógenas, policías municipales con armas de largo alcance tras los
ventanales del palacio y funcionarios del gobierno refugiados bajo los
escritorios del abandonado edificio. El
saldo, dos policías y un civil muertos.
La noticia entonces
corrió como pólvora a nivel nacional e internacional y aumentaba con ello la
fama negativa de Tejupilco. Pero no todo era lo que los cintillos pagados por
la propaganda gubernamental anunciaban. No era un movimiento de campesinos
revoltosos, había una comunidad consciente y que aspiraba una sociedad menos
desigual, con menores índices de pobreza, mejor salud y educación.
En el fragor del movimiento, los profesores aspirábamos
a educar, alfabetizar a la gente campesina presente que veía en esta jornada de
lucha política la posibilidad de una vida mejor.
También se
fraguó, una alianza entre profesores federales y estatales para primero fundar
la PREPARATORIA POPULAR “JOSÉ MARTÍ” y después la subsede de la Universidad
Pedagógica Nacional.
El
movimiento electoral, no era la masa amorfa de campesinos que describían las
notas amarillistas de los noticieros de la última década naciente del pasado
siglo XX, eran los proyectos de empresarios que querían invertir; servidores
públicos con mejores perspectivas de la acción afirmativa, empleados del sector
salud, agropecuarios y de otros servicios.
Pero la
educación hizo su mejor esfuerzo, vino la Universidad Pedagógica Nacional, como
la segunda institución que formaba profesionistas del ramo educativo después de
la escuela normal. Ya vendría el ISCEEM casi inmediatamente, otras
instituciones que están consolidando la formación de la fuerza laboral,
productiva profesional en esta geografía. Trazando las rutas de un desarrollo
sostenible y justo.
Cabe
festejar entonces, ese 12 de diciembre de 1990 como el parte aguas no sólo de
la UPN, sino de la educación superior en el
Sur del estado de México. Es el
magisterio movilizado el que construyó sus propias oportunidades y tendió
puentes para consolidar con el gobierno las estructuras que se requieren para
la docencia, la investigación, la gestión y la difusión de la cultura
universitaria.
La
Universidad Pedagógica Nacional que nació del movimiento social, político
electoral le debe a sus ciudadanos la fortaleza
de su cuidado y el haberla nutrido. Son más de 1000 licenciados en educación egresados
de esta casa de estudios que pasaron a conformar la fuerza cultural que
alimenta la formación de mejores ciudadanos, se percibe pequeña esta gran
hazaña, pero la historia no termina hoy, apenas empieza.
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