viernes, 13 de diciembre de 2013

Tejupilco en movimiento, 1990, una institución que nace en 1991, la Universidad Pedagógica Nacional, Subsede Tejupilco
En 1990 la población del sur estaba en plena efervescencia política. Por primera vez, un movimiento que había arrasado electoralmente al PRI en 1988, se presentaba ahora bajo las siglas de un partido emergente, el PRD, a competir por la alcaldía de Tejupilco.
 En el 1988, los resultados señalaron un triunfo contundente del Frente Democrático Nacional en el sur, particularmente en este municipio.
Ya en ese 1990 dicho partido se organizaba en la marcha, el Ingeniero agrónomo Guillermo González Hernández resultó ser el candidato que despertó simpatía en amplios sectores de la población sureña. Lo acompañaba el médico neumólogo, Miguel León López, un perfecto desconocido para la población de Tejupilco, pero quien ante la falta de aspirantes por una línea  de izquierda aprovechó  la coyuntura y amarró la candidatura en una asamblea manipulada a su favor, por el ya líder indiscutible de ese movimiento electoral, Memo González o El Satán, como lo apodaban sus amigos y como se le conocía en el rumbo. De carácter fuerte y explosivo, Memo era un eficaz animador e influyó ante la asamblea deliberante para que mediante voto directo y público, se eligiera a Miguel León como candidato a Diputado Local por el IX distrito.
En esos años, diversos mitos se levantaban sobre esta población. Los más comunes hablan de la franqueza de su gente, otros de la belleza de sus mujeres; los había de la valentía de sus hombres; incluso los más irresponsables como los de un médico legista, que años después resultaba involucrado en una banda de secuestradores y vendedores de autopartes robadas, señalaba: “aquí la gente es muy violenta, se matan por cualquier motivo”.
Lo cierto era el predominio de caciques políticos y económicos, un partido emergente que vencía electoralmente al partido dominante. Sin embargo,  haciendo los ciudadanos una batallar por el porvenir, recibieron la represión violenta del Estado quien conculcando el derecho al voto y a su defensa legitima, envío un ejército de granaderos a cuidar un palacio municipal  vacío y pobre.
Hubo un fallo electoral y se declaraba perdedor al partido que contaba con el mayor respaldo popular. La protesta se daba en su máximo expresión y la gente salió a la calle a defender lo que legítimamente se había ganado. Llegaba a Tejupilco un personaje a reclamar también por el fraude, frente a un palacio municipal sin actividad, Heberto Castillo Martínez.
Un año después, el 12 de diciembre de 1991, ya se habían levantado  instituciones educativas de nivel medio superior y superior en  esta región sur del estado de México, pero también se conmemoraba el acontecimiento político electoral que marcó profundamente al municipio: El enfrentamiento violento entre partidarios de un reclamo electoral, armados con  ladrillos, palos, cañas, pistolas  y machetes; y granaderos con más de 80 bombas lacrimógenas, policías municipales con armas de largo alcance tras los ventanales del palacio y funcionarios del gobierno refugiados bajo los escritorios del abandonado edificio.  El saldo, dos policías y un civil muertos.
La noticia entonces corrió como pólvora a nivel nacional e internacional y aumentaba con ello la fama negativa de Tejupilco. Pero no todo era lo que los cintillos pagados por la propaganda gubernamental anunciaban. No era un movimiento de campesinos revoltosos, había una comunidad consciente y que aspiraba una sociedad menos desigual, con menores índices de pobreza, mejor salud y educación.
 En el fragor del movimiento, los profesores aspirábamos a educar, alfabetizar a la gente campesina presente que veía en esta jornada de lucha política la posibilidad de una vida mejor.
También se fraguó, una alianza entre profesores federales y estatales para primero fundar la PREPARATORIA POPULAR “JOSÉ MARTÍ” y después la subsede de la Universidad Pedagógica Nacional.
El movimiento electoral, no era la masa amorfa de campesinos que describían las notas amarillistas de los noticieros de la última década naciente del pasado siglo XX, eran los proyectos de empresarios que querían invertir; servidores públicos con mejores perspectivas de la acción afirmativa, empleados del sector salud, agropecuarios y de otros servicios.
Pero la educación hizo su mejor esfuerzo, vino la Universidad Pedagógica Nacional, como la segunda institución que formaba profesionistas del ramo educativo después de la escuela normal. Ya vendría el ISCEEM casi inmediatamente, otras instituciones que están consolidando la formación de la fuerza laboral, productiva profesional en esta geografía. Trazando las rutas de un desarrollo sostenible y justo.
Cabe festejar entonces, ese 12 de diciembre de 1990 como el parte aguas no sólo de la UPN, sino de la educación superior en el  Sur del estado de México.  Es el magisterio movilizado el que construyó sus propias oportunidades y tendió puentes para consolidar con el gobierno las estructuras que se requieren para la docencia, la investigación, la gestión y la difusión de la cultura universitaria.

La Universidad Pedagógica Nacional que nació del movimiento social, político electoral le debe  a sus ciudadanos la fortaleza de su cuidado y el haberla nutrido. Son más de 1000 licenciados en educación egresados de esta casa de estudios que pasaron a conformar la fuerza cultural que alimenta la formación de mejores ciudadanos, se percibe pequeña esta gran hazaña, pero la historia no termina hoy, apenas empieza. 

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